La guerra a muerte entre los narcos

Sábado 8 Sept. 2012 – SEMANA Arriba, de izquierda a derecha. Evaristo Porras y Leonidas Vargas. Abajo, Griselda Blanco y Wilber Varela. El asesinato en Medellín de Griselda Blanco, la llamada “Reina de la cocaína’, se suma a la lista de crímenes contra grandes capos que en algún momento fueron poderosos. Conozca algunas de esas historias. El nombre de Griselda Blanco era desconocido para muchos hasta el pasado lunes, cuando se supo de su asesinato. Ocurrió en el barrio Belén, de Medellín. Al parecer, el crimen está relacionado con viejas rencillas de posibles deudas que la llamada ‘Reina de la cocaína’ dejó durante su largo recorrido en el mundo de las drogas, que comenzó en la década de los setenta.


Es una tarea difícil la que tienen los investigadores a cargo del caso, quienes buscan establecer quién o quiénes estarían detrás del deceso de la mujer, quien ya alcanzaba los 69 años. Difícil en el sentido de empezar a escudriñar viejos episodios judiciales, para luego atar cabos con matanzas y homicidios perpetrados no solo en Colombia, sino en Estados Unidos, como el ocurrido el 11 de julio de 1979 en un centro comercial de Miami, cuando fue ultimado Germán Jiménez Panesso con un estilo que hizo recordar a los gángster de Chicago.

Lo cierto es que Blanco, a quien también le reconocieron con los sobrenombres ‘Viuda negra’ y ‘Madrina’, terminó su vida por el gatillo de un sicario, y al igual que la de otros capos de la droga asesinados por lo que parecería los temidos ajustes de cuentas.

A manos de un sicario también terminó la vida de Helmer ‘Pacho’ Herrera, un hecho ocurrido en noviembre de 1998 en la cancha de fútbol de la cárcel de Palmira. El asesino, quien fue identificado como Rafael Ángel Uribe Serna, se hizo pasar como abogado ante los guardias del penal.

Herrera fue enemigo de Pablo Escobar. Andrés López, autor del libro ‘El cartel de los sapos’, dice que todo empezó luego de que un empleado de Pablo Escobar se le quejó porque uno de ‘Pacho’ Herrera le estaba robando su mujer.

Escobar, entonces, asegura el autor, les pidió a los Rodríguez que le entregaran a Herrera, pero el jefe del cartel de Medellín por respuesta obtuvo una bomba en el edificio Mónaco de la capital antioqueña. El artefacto le ocasionó lesiones auditivas a la hija del capo, por lo que la guerra quedó casada.

La contestación del capo no fue menos violenta. En una cancha del municipio vallecaucano de Candelaria, Herrera había convocado para un partido de fútbol, una de sus grandes pasiones. Pero hasta allí llegaron sicarios al servicio del cartel de Medellín y asesinaron a 13 personas. Sin embargo, Helmer se salvó porque había abandonado la cancha para descansar.

Los ataques iban y venían hasta que Herrera se entregó a la justicia, pero informes policiales advierten que desde la prisión seguía ordenando ataques. Uno de ellos contra Wilber Varela, alias ‘Jabón’, quien para la época era el jefe se sicarios de Orlando Henao, quien se había convertido en el jefe del cartel del norte del Valle.

Tras el atentado en el que ‘Jabón’ resultó herido, fueron capturados dos de los hombres que perpetraron el hecho, quienes mediante una serie de torturas terminaron por delatar a Herrera.

Después del crimen de Herrera, su hermano, un minusválido de nombre José Manuel, quien estaba preso en la cárcel Modelo de Bogotá, logró hacerse a una pistola y se dirigió hacia donde estaba Orlando Henao, reo en la misma prisión.

José Manuel escondió el arma en su silla de ruedas y a la primera oportunidad, acabó con la vida de Henao al lanzarle seis disparos. Cobró venganza y el cartel del Norte del Valle quedó en cabeza de Wilber Varela.

No obstante, Varela corrió con la misma suerte. Tras emprender una guerra a muerte con Diego León Montoya, se refugió en Venezuela, donde fue asesinado en un complejo turístico en Mérida, a manos de quienes en su momento fueron considerados como sus más cercanos colaboradores.

Otros de los crímenes que se han perpetrado en las prisiones en contra de personas dedicadas al narcotráfico da cuenta de que en la cárcel La Catedral, donde estaba recluido Pablo Escobar, fueron muertos los hermanos Galeano y Moncada, al parecer, tras una orden del capo del cartel de Medellín.

Algunas personas que en su momento declararon ante la Fiscalía sobre ese hecho sostuvieron que el caso se dio luego de que las dos parejas de hermanos llegaron hasta la prisión a aclarar unas cuentas con Escobar. Tal arreglo estaba relacionado con 20 millones de dólares que se habían robado de una caleta de los Galeano y los Moncada. De ese hurto culparon al capo.

No obstante, sostuvieron los testigos que el jefe del cartel les dijo que esa plata era de él, y tras una fuerte discusión, se dio la orden de asesinarlos.

Pero si a las cárceles ingresan armas, a los hospitales también. Con una pistola con silenciador acabaron con la vida de Leonidas Vargas, alias ‘El viejo’, mientras estaba interno en un centro asistencial de Madrid, España, en enero del 2009.

A ese país había llegado con la intención de abrir nuevos mercados para el mundo de las drogas ilícitas. Sin embargo, las autoridades españolas lo detuvieron en el 2006. Un par de años después le concedieron el beneficio de la detención domiciliaria debido a su estado de salud, relacionado con una delicada afección cardíaca, por lo que fue llevado al hospital.

En su proceso judicial ya lo habían citado a juicio y estaba programado para el mes de julio de ese 2009. Se presume que detrás de su homicidio estarían mafiosos y capos a quienes delataría ‘El viejo’ en el estrado.

La venganza criminal contra Vargas no paró en ese momento, ya que ocho días después, el cuerpo de su hermano Fabio fue hallado en un cañaduzal de Pradera, Valle del Cauca. Junto a él fue ultimada Liliana Andrea Lozano, una exreina nacional del Bambuco. Ambos cuerpos presentaban señales de torturas.

Si bien es cierto que hay más casos, la realidad es que el mundo de la mafia no le ha permitido a muchos una jubilación. Las guerras por el control del narcotráfico no respetan género ni edad. Y quienes deciden ingresar a ese mundo, lo hacen bajo la premisa del ojo por ojo y diente por diente.